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Sobre mi

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Mi despertar espiritual y formación

Durante años seguí el camino esperado. Me formé en Administración de Empresas, hice una Maestría en Finanzas y construí una carrera sólida en multinacionales. En 2011, a los 27 años, tenía todo lo que se supone que una mujer de mi edad deseaba: título, posgrado, 8 años de experiencia en multinacionales, un buen puesto, pareja estable, departamento hermoso, planes de futuro.

Desde afuera, el cuadro era impecable. Por adentro, había una incomodidad silenciosa que aprendí a ignorar.

Una infidelidad por parte de mi pareja de ese moemento lo cambió todo. Y en ese dolor llegó una revelación más incómoda todavía: esa traición externa me estaba revelando que yo llevaba años traicionándome a mí misma.

Había construido una vida perfecta hecha de expectativas ajenas, de moldes aceptados sin cuestionarlos, de una versión de mí que complacía a muchos, pero no a mi misma.

Luego de la separación, tomé una licencia laboral de dos meses y me fui de mochilera a Europa. Dándome ese tiempo que necesitaba para estar conmigo misma es que empecé a ver con claridad cómo me había estado traicionando. Y en ese espacio de libertad, apareció algo que siempre había estado ahí: una pasión enorme por el diseño de interiores.

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Regresé a Buenos Aires sabiendo lo que quería. Lo que no sabía era cuánto me costaría elegirlo.

Regresé con la decisión tomada de renunciar, para dedicarme de lleno al nuevo proyecto de diseño que tenía en mente pero la CEO de la empresa para retenerme me ofreció un mejor puesto y un mejor sueldo. Y me quedé unos meses más — no por convicción, sino por miedo. Finalmente, en 2012, obedecí a mi llamado interior y renuncié definitivamente para emprender. Me formé en diseño de interiores, desarrollé mi propio proyecto y conecté por primera vez con una manera de trabajar más creativa y genuinamente alineada conmigo.

Ese fue el primer paso del camino del corazón. Un camino que aprendí que no es lineal ni cómodo: implica tomar decisiones que priorizan lo que sentís aunque decepcionen a otros. Implica aprender a escucharte cuando toda tu vida aprendiste a ignorarte.

Pero aunque empecé a escucharme, todavía había mucha autoexigencia. Mucha desconexión del cuerpo. Mucho hacer constante.

En 2015 atravesé un proceso de salud que me hizo cuestionar mi manera de vivir de manera profunda. Comprendí que el cuerpo me estaba hablando, y por primera vez, lo escuché de verdad. Entendí que tenía que empezar a vivir de otra manera: más conectada, más lenta, más simple. Autores como Louise Hay, Eckhart Tolle y Covadonga Pérez Lozana llegaron a mi vida. La lectura, la terapia, el trabajo interno, yoga y la meditación dejaron de ser actividades esporádicas y se volvieron anclas. Me formé en Reiki, aromaterapia, registros akáshicos, coaching espiritual, hipnoterapia, biodescodificación y Ayurveda, entre otras disciplinas. Cada formación fue también una búsqueda personal.

Comprendí una gran lección: a veces necesitamos enfermarnos físicamente para sanar en todos los niveles.

En 2019, mientras cursaba el instructorado de yoga en Buenos Aires, empecé a sentir un llamado por conocer India. Decidí cerrar mi empresa por unos meses y regalarme esa experiencia.

En enero de 2020 viajé con la intención de recorrer Asia. A principios de marzo, casualmente y justo antes del cierre por la pandemia, llegué al ashram de quien se convertiría en mi gurú, Amma. Sin planearlo, me quedé casi dos años — viviendo en promedio unas 16 horas diarias de práctica espiritual.

Fue ahí donde nació Sanando Estoy — primero como un Instagram donde compartía mis experiencias en el ashram, y luego como mi nueva profesión. Empecé a dar sesiones de terapia y clases online desde el otro lado del mundo.

Esa experiencia fue profundamente transformadora. La entrega, la aceptación, el perdón, la devoción y la confianza en la vida dejaron de ser conceptos y se convirtieron en experiencia encarnada. La espiritualidad dejó de ser discurso y se volvió forma de vivir.

Después de esos dos años, regresé unos meses a Argentina y comprendí que el llamado ahora era otro: hacer una vida nómada. Cerré definitivamente mi empresa de diseño de interiores y regresé a Asia y, mientras viajaba como terapeuta, seguí viajando y formándome. Fue entonces cuando profundicé en el trabajo corporal y somático, formándome en Heart Breath Method, terapia somática y Movimiento Auténtico — una práctica que permite acceder al inconsciente a través del movimiento espontáneo. Como autodidacta, también practico y estudio eneagrama, trabajo con el niño interior, rituales, psicomagia, sueños y trabajo energético y emocional. Fue ahí donde los tres mundos se unieron por fin: las dimensiones mente, cuerpo y espíritu trabajando juntas en la sanación y expansión de consciencia. 

Y sin embargo, algo que siento profundamente: no son las certificaciones ni los títulos los que transforman. Lo que transforma es aplicar todo eso en la propia vida, con honestidad y responsabilidad. Mis aprendizajes más profundos no vinieron de ningún curso: vinieron de trabajar intensamente en mis propios procesos, de cuestionar mis creencias, mis elecciones y mis programaciones, y de elegir, minuto a minuto, vivir de manera más consciente y conectada con mi espíritu.

 

"Yo te conozco a ti porque me conozco a mí completamente.
Pero tú no me puedes conocer a mí hasta que no te conozcas a ti completamente."

Amma

 

 

Hoy acompaño a otras personas integrando mente, cuerpo y espíritu, porque recorrí ese camino primero en mí misma. No desde la teoría, sino desde la vida.

Gracias por leer hasta aquí.

 

Abrazo de luz y amor,
Gis Bender
Terapeuta integral

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Ancla despertat

Cómo llegué a vivir en un ashram en India

y tener una gurú 

Ancla vivir ashram
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En enero del 2020 tomé un vuelo desde Buenos Aires rumbo a Nueva Delhi con la idea de probar la vida en movimiento. Planeaba viajar unos meses por Asia para seguir capacitándome en yoga, Ayurveda, meditación, espiritualidad y conocer otras culturas. Me imaginaba viajando de aquí para allá formándome en estas áreas y haciendo voluntariados. Intencionando también en ese viaje conectar con mi propósito de vida para crear un proyecto y sustento económico que me permitiese vivir como nómada digital, si es que ese era mi destino.

Pero como ya sabemos amigas y amigos, la certeza absoluta es una ilusión y la vida tiene planes para nosotr@s que no suelen parecerse a los que imaginamos.

Unos meses antes de viajar a India había pensado que sería interesante visitar un ashram, y deseando pero descreyendo que exista un ashram liderado por una Gurú mujer, empecé a investigar. Google me introdujo por primera vez a Amma. Estaba predestinado, yo me entregué a ser guiada por el Universo, y el 5 de marzo del 2020 llegué sin saberlo al que sería mi nuevo hogar por casi 2 años, dando de baja mi plan inicial de experimentar una vida en movimiento, pero ofreciéndome a cambio una experiencia tan única como impensada.

Todo fue tan divinamente programado, sin planearlo llegué al Ashram en el sur de India el día previo a que cierre al público como medida de seguridad para evitar que se expandiese un “virus chino” que se propagaba por Asia. Opté por quedarme allí para entregarme a la experiencia que la vida me proponía, sin imaginarme que ni el ashram ni India volverían a abrir sus puertas durante todos los meses que lleva la pandemia mundial.

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Siento que esta vida y las anteriores me prepararon para esta experiencia de estar viviendo en India junto con mi gurú tanto tiempo. Distintas situaciones recordaron a mi alma que la conexión que tengo con mi gurú Amma y con esta tierra, existían previamente en mí.

 

Estas sensaciones y recuerdos comenzaron a hacerse conscientes desde mi primer día en este lugar, cuando Amma me supo indicar que yo sin saberlo ya la estaba llamando.

Al igual que todas las noches, aquella en que llegué aquí, Amma cerró bhajans (cantos devocionales) con sus manos en forma de rezo pero versión dedos entrelazados y ojos cerrados repitiendo compenetradamente “Ammamamamamamamamamamamamamaaaaaaaaaaaaaa”. Misma forma y mismo gesto con el que yo llamaba siempre a mi mama desde hacia unos 12 años. Imagínense mi desconcierto cuando me reconocí en Amma en ese instante.

 

Aquí recordé también que desde muy pequeña, durante los veranos en la quinta de unos tíos, me entretenía lavando los pies a mi tío y a mi papá. No tenía idea por qué me gustaba tanto hacer eso de niña, hasta que en India aprendí que se veneran los pies de los Gurús y que se hacen rituales (pujas) lavando sus pies (pada puja), como yo lo supe hacer en mi infancia.

 

No me resulta fácil plasmar con palabras las decenas de experiencias fantásticas que me sucedieron viviendo en ese fascinante lugar, como caminar bajo la lluvia detrás de Amma sin que si quiera una gota me moje, o ver a la diosa Kali bailando al rededor mío mientras meditaba.

En esta experiencia humana tengo la inmensa dicha de verificar constantemente que la magia existe para todo aquel que abra su corazón y mente para animarse a ver mas allá, permitiéndose conectar a un nivel mas profundo.

 

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Ancla cómo se vive
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Cómo se vive en el Ashram

En el Ashram viví en comunidad con mi Gurú, y con gente de todo el mundo (el 80% son indios). Conviví con swamis y swaminis (sacerdotes y sacerdotisas), brahmacharis y brahmacharinis (monjes y monjas), renunciantes, residentes de larga data, y los pocos residentes accidentales, que igual de ingenuos que yo,  creían que solo venían de visita por unos pocos días.

 

La vida de un ashramita es una vida de tapas (austeridades) que consiste en vivir de manera simple enfocando nuestro día en hacer sadhana (práctica espiritual) que incluye: mucha lectura/ estudio, meditación en forma individual y en comunidad, seva (trabajo voluntario, servicio desinteresado), rezo personal o en grupos (archana), bhajans (cantos devocionales con la Gurú), satsangs (charlas espirituales), pujas (rituales), festividades, retiros de silencio, ayunos, pancha karma (práctica Ayurvédica de limpieza del cuerpo), yoga/ actividad física, expresar la creatividad (dibujo, pintura, artesanías)  y demás actividades que nos conecten con nuestro espíritu (bailar, trabajo en jardines, cocinar, escribir, etc).

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